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“Prohíben comida chatarra en escuelas: Salud infantil vs. intereses empresariales”

Una medida que tiene como sentido el tener una mejor salud de los menores y que desde la casa y la escuela, se implemente una mejor alimentación. Por otro lado están los negocios de alimentos que serán severamente castigados, debido a que una de las fortalezas de su venta y marketing estratégico, proviene precisamente dentro de las escuelas.

A partir del 29 de marzo de 2025, México implementará una prohibición a nivel nacional sobre la venta de comida chatarra en las escuelas, una medida impulsada por el gobierno para combatir la obesidad infantil y promover hábitos alimenticios saludables.

Beneficios para los niños

Reducción de la obesidad y enfermedades relacionadas: México tiene una de las tasas más altas de obesidad infantil en el mundo, con aproximadamente un tercio de los niños en edad escolar con sobrepeso u obesidad. Al eliminar alimentos altos en azúcares, grasas y sodio de las escuelas, se espera reducir la ingesta calórica diaria de los estudiantes, lo que podría disminuir los riesgos de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares a largo plazo.

Mejora en el rendimiento académico: Una dieta más saludable, rica en nutrientes esenciales, está asociada con una mejor concentración, memoria y energía sostenida. Sustituir la comida chatarra por opciones como frutas, verduras o platillos nutritivos (como los tacos de frijol que ha mencionado la presidenta Claudia Sheinbaum) podría ayudar a los niños a estar más atentos y participativos en clases.

Fomento de hábitos saludables a largo plazo: Las escuelas son entornos clave para moldear comportamientos. Al limitar el acceso a comida chatarra y promover alternativas saludables, los niños podrían desarrollar preferencias por alimentos nutritivos, lo que influiría positivamente en su salud adulta.

Reducción de problemas de salud inmediatos: El consumo excesivo de comida chatarra puede causar problemas digestivos, picos de azúcar y fatiga en los niños. Con esta prohibición, podrían experimentar menos de estos efectos, mejorando su bienestar diario.

 

Perjuicios para las empresas

Pérdida de ingresos por ventas escolares: Las cooperativas escolares y las empresas que abastecen productos como papas fritas, refrescos y dulces perderán un mercado significativo. En México, se estima que los niños obtienen hasta el 40% de sus calorías diarias de comida chatarra, mucho de ello consumido en la escuela. Esta prohibición cortará una fuente de ingresos directa para productores y distribuidores.

Costos de adaptación: Las empresas que quieran seguir operando en el entorno escolar tendrán que reformular sus productos para cumplir con las nuevas regulaciones de salud, lo que implica invertir en investigación, desarrollo y cambios en la producción. Esto podría ser especialmente complicado para pequeñas empresas o cooperativas locales con recursos limitados.

Competencia con alternativas saludables: La medida fomenta la introducción de opciones como agua potable, frutas y platillos tradicionales nutritivos. Esto podría desplazar a las empresas de comida chatarra, favoreciendo a productores agrícolas o compañías que ya ofrecen alimentos saludables, lo que intensificaría la competencia.

Impacto en la publicidad y marca: Muchas empresas de comida chatarra dependen de la exposición temprana para fidelizar a los consumidores desde la infancia. Perder este acceso directo a los niños en las escuelas podría debilitar su presencia de marca a largo plazo, afectando su estrategia de marketing.

Consideraciones adicionales

Aunque los beneficios para los niños son claros en términos de salud, el éxito dependerá de la implementación: las escuelas necesitarán infraestructura como fuentes de agua potable (que actualmente falta en muchas) y educación nutricional para que los estudiantes acepten los cambios. Para las empresas, el impacto económico podría mitigarse si logran adaptarse ofreciendo productos más saludables, pero las que no lo hagan enfrentarán pérdidas significativas.

Impacto en los negocios

Cooperativas escolares: Las cooperativas no cerrarán, pero deberán transformar su oferta. En lugar de vender frituras, refrescos, dulces y otros productos ultraprocesados, tendrán que enfocarse en alternativas saludables como frutas frescas, verduras, cereales integrales, agua natural y proteínas magras (por ejemplo, huevos cocidos o pollo sin piel). Esto requerirá un cambio en la cadena de suministro y probablemente una capacitación para los responsables de estas tiendas, algo que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha mencionado que apoyará con manuales y estrategias de comunicación.

Pequeños comercios cercanos a escuelas: Los negocios fuera de los planteles, como tienditas o vendedores ambulantes, no están directamente regulados por esta ley, ya que se aplica específicamente al interior de las escuelas. Sin embargo, podrían ver una disminución en sus ventas si los estudiantes ya no buscan estos productos como antes, debido a la promoción de hábitos saludables dentro de los colegios. Algunos podrían adaptarse ofreciendo opciones más nutritivas para seguir atrayendo clientes.

Grandes empresas: Compañías como Coca-Cola, Bimbo o Sabritas, que producen alimentos y bebidas ultraprocesados, no desaparecerán, pero ya están ajustando estrategias. Por ejemplo, Coca-Cola ha anunciado que dejará de comercializar sus productos en escuelas de educación básica a partir de esta fecha. Estas empresas probablemente redirigirán sus esfuerzos a otros canales de venta (supermercados, tienditas, etc.) y podrían invertir en desarrollar productos con menos azúcar, grasa o sodio para cumplir con las nuevas tendencias y regulaciones.

¿Qué harán los negocios para adaptarse?

Diversificación de productos: Muchos negocios, especialmente las cooperativas, tendrán que incorporar alimentos permitidos bajo los nuevos lineamientos, como agua de frutas natural, tortillas de maíz, frijoles, yogures sin azúcar o nueces. Esto podría abrir oportunidades para productores locales de alimentos frescos o mínimamente procesados.

Innovación: Las grandes empresas podrían lanzar líneas de productos “saludables” que cumplan con los criterios nutricionales exigidos, como bebidas sin azúcar o snacks bajos en calorías, para recuperar mercado.

Resistencia o informalidad: Algunos negocios pequeños podrían intentar evadir la prohibición vendiendo productos chatarra de manera informal fuera de las escuelas, aunque esto no está regulado por la ley actual y dependerá de la vigilancia de las autoridades locales.

Escenarios posibles

A corto plazo: Habrá un impacto económico para los negocios que no se adapten rápidamente, especialmente las cooperativas que dependían exclusivamente de la venta de comida chatarra. Podría haber resistencia inicial, como lo han expresado comerciantes de raspados, dulces y frituras en algunos medios.

A largo plazo: Si la política tiene éxito y se extiende más allá de las escuelas (como ya ocurrió en estados como Oaxaca y Tabasco con prohibiciones a menores), los negocios tendrán que reinventarse o arriesgarse a perder relevancia. Sin embargo, la industria alimentaria en México es enorme y resiliente, por lo que es poco probable que “se acabe” por completo; más bien, evolucionará.

En resumen, los negocios no desaparecerán, pero deberán adaptarse a un entorno donde la demanda de comida chatarra en escuelas será reemplazada por opciones saludables. La clave estará en cómo respondan a este cambio: los que innoven y se ajusten probablemente sobrevivirán, mientras que los que no lo hagan podrían enfrentar pérdidas significativas. Los niños ganarán en salud física y mental, mientras que las empresas de comida chatarra enfrentarán retos financieros y operativos.