La noche del sábado, el Auditorio Telmex de la Universidad de Guadalajara, un espacio que debería ser símbolo de cultura y unión, se convirtió en escenario de una polémica inquietante. Durante el concierto “Los señores de corrido”, el grupo Los Alegres del Barranco decidió proyectar imágenes de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación, mientras el público ovacionaba. Lo que para algunos fue un momento de euforia, para otros reflejó un síntoma alarmante de cómo la violencia se cuela en la vida cotidiana, disfrazada de entretenimiento.
Este lunes, la Fiscalía del Estado de Jalisco reaccionó abriendo una carpeta de investigación. Según explicaron en redes sociales, las imágenes “presuntamente aludían a un personaje ligado a un grupo criminal”, lo que podría constituir un delito. El Artículo 142 del Código Penal local castiga con hasta seis meses de prisión a quien provoque públicamente la comisión de un delito o haga apología de este. “Si el delito se consuma, el promotor también es responsable”, advirtieron, subrayando su postura: “No normalizaremos la violencia ni toleraremos que se exalte al crimen”.
El gobernador Pablo Lemus no se quedó atrás y alzó la voz en redes sociales con un mensaje que buscaba sacudir conciencias. Recordó que apenas días antes, tras un hecho violento en el rancho Izaguirre, había llamado a la sociedad a tocar fondo y unirse contra la barbarie. “Lo que pasó en el concierto va en sentido contrario”, lamentó. “Todos debemos asumir nuestra parte para dejar de normalizar la violencia. Esto no debe repetirse ni aquí ni en ningún rincón de Jalisco. Estamos trabajando en todos los frentes para frenar estas expresiones”.
Videos del evento, que ya circulan ampliamente, muestran cómo las imágenes del líder criminal acompañaron las canciones, entre aplausos que resonaron como un eco de una cultura que, sin darse cuenta, podría estar glorificando lo que debería repudiar. El contraste es brutal: mientras las autoridades buscan contener la apología del delito, una parte de la sociedad parece abrazarla, ya sea por admiración o simple indiferencia.
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