“En los últimos años, se ha proliferado en México y toda América Latina una tendencia preocupante: los jóvenes ven a los capos como figuras a seguir. Aunque la delincuencia ya existía, la música y las series sobre narcotráfico ejercen una fuerte influencia en las nuevas generaciones, cuyas mentes son más susceptibles a estas ideas negativas.”
¿Qué dice la realidad?
Los narcocorridos, esas canciones que narran hazañas de capos, traiciones y vida de lujo, son como el soundtrack de la narcocultura. Para muchos chavos, especialmente en zonas donde el narco está por todos lados (Sinaloa, Michoacán, Tamaulipas), estas canciones no solo son música, sino una ventana a un mundo que parece alcanzable.
Estudios y reportes, como los de la UNAM o el CIDE, han señalado que los corridos glorifican el poder, el dinero rápido y la ley del más fuerte, valores que pueden pegar duro en jóvenes que crecen sin oportunidades, con escuelas chafas o familias deshechas. En 2020, un análisis de la Universidad Autónoma de Sinaloa encontró que en comunidades marginadas, los chavos ven a los narcos como “héroes locales” porque traen lana y respeto, y los corridos refuerzan esa imagen.
Por ejemplo, canciones como las de Los Tigres del Norte o los corridos tumbados de Natanael Cano y Peso Pluma no solo suenan en la radio, sino en TikTok y fiestas, llegando a millones. El INEGI reportó que en 2022, el 60% de los jóvenes en zonas urbanas marginadas consumía contenido relacionado con la narcocultura, ya sea música, series o redes. Y sí, hay casos: en Culiacán, la fiscalía estatal ha vinculado el reclutamiento de menores por el crimen organizado con la idealización que hacen los corridos de esa vida.
Pero no es tan directo
No todos los que escuchan narcocorridos terminan de sicarios. Psicólogos y sociólogos dicen que la música sola no “convierte” a nadie; es el contexto el que empuja. Si un chavo vive rodeado de pobreza, violencia y sin esperanza de un futuro decente, el corrido puede ser el empujoncito, pero no el motor. En cambio, en colonias más estables, muchos ven los corridos como puro entretenimiento, como quien ve una película de mafiosos. Un estudio del Colegio de México (2021) encontró que el impacto es mayor en menores de 18 que ya tienen familiares o amigos en el rollo del narco.
Lo que ven los chavos
Hablemos claro: los corridos venden un sueño. Hablan de camionetas del año, morras, billetes y respeto a balazos. Para un joven que gana una miseria en un trabajo fregado (o que ni trabajo tiene), eso suena mejor que romperse el lomo por el salario mínimo. Existen debates constantes: unos dicen “es solo música, no mata”, y otros replican que “normaliza la violencia”. Por ejemplo, después de que Peso Pluma explotó con corridos tumbados, en 2023 se reportó un aumento de adolescentes detenidos por narcomenudeo en Jalisco, y algunos confesaron que querían “vivir como en las canciones”. Este es un claro ejemplo de que si influye en la música, así como lo decía Giovanni Sartori con el libro de Homovidens, donde decía que la televisión si influye en las personas para meterse a la delincuencia, sobre todo a los más jóvenes.
El otro lado
No todo es culpa de los corridos. La narcocultura lleva décadas enraizada en México por el negocio del narco, no al revés. Películas, series como Narcos y hasta influencers en redes también alimentan esa onda. Y hay artistas que defienden su música: dicen que solo cuentan historias reales, como los juglares de antes, y que el problema es del gobierno que no da opciones a los jóvenes.
Por otro lado, es que tampoco se le puede echar la culpa siempre al gobierno, porque es una responsabilidad de las familias, para que sus hijos no caigan en las garras de la delincuencia. Por eso fortalecer al tejido familiar, donde los padres tengan la cercanía en todo sentido, porque cuántos padres y madres tienen buen trabajo y sustento para los menores, pero no tienen la oportunidad de cuidarlos y de darles buenos consejos.
Add Comment