Donald Trump ha defendido el uso de aranceles como una herramienta para proteger la economía estadounidense, promover la producción interna y reducir la dependencia de importaciones, especialmente de países como China. Durante su primer mandato (2017-2021), impuso aranceles significativos sobre acero, aluminio y miles de productos chinos, argumentando que el déficit comercial y las prácticas desleales de otros países —como subsidios o dumping— perjudicaban a los trabajadores y empresas de EE. UU. Su enfoque, conocido como “America First”, busca incentivar la manufactura local y negociar mejores acuerdos comerciales.
Si Trump está implementando aranceles en 2025, podría responder a varios factores:
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Presión económica interna: Para revitalizar industrias clave como la automotriz o la tecnológica, afectadas por competencia extranjera.
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Tensión con China: Una continuación de su estrategia para contrarrestar la influencia económica china, especialmente en sectores estratégicos como semiconductores o energía.
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Promesas de campaña: Si volvió al poder, es probable que esté cumpliendo con su discurso de proteger empleos estadounidenses y castigar a países que, según él, se aprovechan de EE. UU.
Por ejemplo, en su primer mandato, los aranceles al acero (25%) y aluminio (10%) en 2018 apuntaron a países como Canadá, México y la Unión Europea, mientras que los aranceles a China escalaron en una guerra comercial que afectó bienes por valor de cientos de miles de millones de dólares. En 2025, podría estar reaccionando a nuevas dinámicas globales, como la reubicación de cadenas de suministro o el auge de economías competidoras.
Dicho esto, los aranceles también tienen críticos. Aumentan los costos para los consumidores y pueden desencadenar represalias comerciales, como ocurrió cuando China respondió con aranceles a productos agrícolas estadounidenses. Trump, sin embargo, los ve como una herramienta de negociación y una forma de proyectar fuerza económica.
Razones detrás de los aranceles de Trump en 2025
Donald Trump ha hecho de los aranceles una pieza central de su visión económica desde hace décadas, y su uso en 2025 probablemente responde a una combinación de objetivos económicos, políticos y estratégicos.
1. Proteger la industria y los empleos estadounidenses
Trump ha argumentado consistentemente que los aranceles son una forma de nivelar el campo de juego para las empresas y trabajadores de EE. UU. frente a la competencia extranjera. En su primer mandato (2017-2021), impuso aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%) bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, justificándolos como una medida de seguridad nacional para revitalizar la industria doméstica. En 2025, esta lógica parece mantenerse, pero ampliada a más sectores.
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Ejemplo concreto: Supongamos que en 2025 Trump apunta a sectores como el automotriz o el tecnológico. Podría estar respondiendo a la percepción de que países como China, México o incluso aliados como Canadá y la UE exportan bienes a EE. UU. a precios bajos gracias a subsidios o mano de obra barata, lo que afecta a los fabricantes locales. Los aranceles elevarían el costo de esos productos importados, incentivando a las empresas a producir en EE. UU. o a los consumidores a comprar productos “Made in America”.
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Contexto actual: Con el auge de la relocalización (reshoring) tras la pandemia, Trump podría estar capitalizando esta tendencia para impulsar la manufactura interna, prometiendo empleos en estados clave como Michigan, Ohio o Pensilvania, que suelen ser decisivos en las elecciones.
2. Reducir el déficit comercial
Trump ha expresado obsesión por el déficit comercial de EE. UU., que en 2024 superó los 900 mil millones de dólares (según datos históricos extrapolados). Él ve los aranceles como una herramienta para reducir las importaciones y equilibrar la balanza comercial, especialmente con países como China, que históricamente ha representado gran parte de ese déficit.
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Enfoque en China: En su primer mandato, impuso aranceles a bienes chinos por valor de más de 300 mil millones de dólares, desencadenando una guerra comercial. En 2025, podría estar intensificando esta estrategia, quizás subiendo aranceles del 10% al 25% o más, alegando que China sigue manipulando su moneda o subsidiando industrias clave como la tecnológica (ejemplo: semiconductores).
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Otros países: También podría estar apuntando a socios del USMCA (México y Canadá) o a la UE, argumentando que sus exportaciones (autos, maquinaria, productos agrícolas) superan lo que EE. UU. les vende, justificando aranceles “recíprocos” para forzar negociaciones.
3. Cumplir promesas de campaña
Los aranceles son una bandera política para Trump, resonando con su base electoral que apoya el proteccionismo y el lema “America First”. Si ganó en 2024, es probable que haya prometido mano dura contra socios comerciales percibidos como “abusivos”. En 2025, implementar aranceles sería una forma de mostrar resultados tangibles a sus votantes.
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Mensaje político: Declaraciones como “Vamos a traer de vuelta las fábricas” o “Haremos que paguen por aprovecharse de nosotros” son comunes en su retórica. Los aranceles refuerzan esta narrativa, incluso si los beneficios económicos reales son debatibles.
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Ejemplo: Podría estar imponiendo un arancel del 25% a vehículos importados (como sugieren algunos reportes ficticios de 2025), diciendo que forzará a empresas como Toyota o Volkswagen a construir plantas en EE. UU., generando empleos visibles para su base.
4. Presionar a otros países en temas no comerciales
Trump ha usado los aranceles como arma diplomática, no solo económica. En 2025, podría estar vinculándolos a objetivos más amplios, como seguridad fronteriza o geopolítica.
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México y fentanilo: En su primer mandato, amenazó con aranceles a México para presionar por control migratorio. En 2025, podría estar subiendo aranceles al 25% o más sobre bienes mexicanos, argumentando que no han detenido el flujo de fentanilo, un tema sensible en EE. UU. por la crisis de opioides.
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China y tecnología: Podría estar usando aranceles para limitar el acceso de China a mercados estadounidenses, en un esfuerzo por frenar su avance en inteligencia artificial o 5G, alineándose con preocupaciones de seguridad nacional.
5. Generar ingresos para el gobierno
Trump y sus asesores, como Peter Navarro, han sugerido que los aranceles podrían financiar recortes fiscales o reducir el déficit federal. En 2025, con los recortes de impuestos de 2017 (Tax Cuts and Jobs Act) expirando a finales de ese año, podría estar buscando ingresos adicionales para extenderlos sin aumentar la deuda.
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Cálculo: En su primer mandato, los aranceles generaron cerca de 80 mil millones de dólares en ingresos (2018-2020). Si en 2025 amplía los aranceles a un 10% universal sobre todas las importaciones (unos 2.5 billones de dólares anuales), podría recaudar teóricamente 250 mil millones al año, aunque esto se reduciría por represalias y menor volumen de importaciones.
Contexto económico y político en 2025
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Inflación y costos: Aunque los aranceles pueden subir precios (los consumidores pagaron gran parte de los costos en 2018-2019, según estudios), Trump podría argumentar que es un “dolor temporal” por un bien mayor. En 2025, con la inflación posiblemente moderada tras los picos post-pandemia, podría apostar a que la economía absorba el golpe.
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Reacción global: Países como China, la UE y Canadá probablemente respondan con aranceles propios, afectando exportaciones estadounidenses (soja, autos, whiskey). Trump podría ver esto como un riesgo calculado, apostando a que EE. UU., como el mayor mercado consumidor, tiene más poder de negociación.
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Congreso y oposición: Si los republicanos controlan el Congreso en 2025, Trump tendría menos resistencia interna. Sin embargo, sectores como la agricultura o la tecnología (dependientes de importaciones) podrían presionar contra los aranceles, forzándolo a negociar exenciones.
Críticas y contradicciones
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Efectividad limitada: Estudios del primer mandato muestran que los aranceles al acero crearon unos 1,000 empleos, pero costaron 75,000 en industrias que usan acero (Atlantic Council). En 2025, un enfoque más amplio podría amplificar este efecto negativo.
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Costo para consumidores: La Tax Foundation estimó que los aranceles de 2018 costaron a los hogares estadounidenses unos 1,200 dólares al año. En 2025, con aranceles más altos, ese número podría duplicarse, afectando especialmente a votantes de clase media que Trump dice defender.
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Riesgo de recesión: Economistas advierten que una guerra comercial global podría desacelerar el crecimiento, evocando el precedente de la Ley Smoot-Hawley de 1930, que empeoró la Gran Depresión.
Conclusión
En 2025, Trump impone aranceles porque los ve como una solución multifacética: protegen empleos, reducen el déficit comercial, cumplen promesas políticas, presionan a rivales y generan ingresos. Su enfoque refleja una creencia arraigada en el proteccionismo, a menudo ignorando las críticas de economistas mainstream que ven más riesgos que beneficios.
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