Tras el fallecimiento del Papa Francisco el 21 de abril de 2025, la Iglesia Católica se prepara para un nuevo cónclave, el proceso mediante el cual los cardenales electores elegirán al próximo Sumo Pontífice, líder espiritual de más de 1,200 millones de católicos en el mundo. Este rito, con raíces que se remontan a casi dos milenios, combina tradición, secretismo y solemnidad, y está regulado principalmente por la constitución apostólica Universi Dominici Gregis de Juan Pablo II, con modificaciones de Benedicto XVI. A continuación, se detalla cómo será el cónclave de 2025, basado en las normas eclesiásticas y la información disponible.
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¿Cuándo y Dónde se Realizará el Cónclave?
El cónclave está programado para iniciarse entre 15 y 20 días después de la muerte del Papa, es decir, entre el 6 y el 11 de mayo de 2025, dependiendo de la llegada de los cardenales a Roma. Esta ventana permite que los cardenales electores, provenientes de todo el mundo, tengan tiempo para viajar y participar en las congregaciones previas, donde discuten el estado de la Iglesia y el perfil del futuro pontífice. Sin embargo, una norma introducida por Benedicto XVI en 2013 permite adelantar el inicio si todos los cardenales están presentes.
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La elección se llevará a cabo en la Capilla Sixtina, en el Vaticano, un lugar emblemático donde los cardenales votan bajo los frescos de Miguel Ángel. Durante el cónclave, los cardenales residirán en la Domus Sanctae Marthae, una residencia moderna dentro del Vaticano que ofrece comodidades básicas, como habitaciones individuales con baño privado, un cambio significativo respecto a los catres improvisados de siglos pasados.
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¿Quiénes Participan?
Solo los cardenales menores de 80 años al momento de la muerte del Papa tienen derecho a votar, según el motu proprio Ingravescentem Aetatem de Pablo VI (1970). En 2025, se espera que participen 135 a 139 cardenales electores, provenientes de 60 países, lo que lo convierte en el cónclave más numeroso y diverso de la historia. La distribución geográfica refleja la globalización de la Iglesia bajo Francisco: Europa aporta 53 electores, Asia 24, África 18, América del Sur 17, América del Norte 16, y América Central y Oceanía 4. Italia (17), Estados Unidos (10) y Brasil (7) son los países con mayor representación.
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Aunque cualquier varón católico bautizado es elegible para ser Papa, desde 1378 el elegido siempre ha sido un cardenal. Entre los posibles candidatos (papabili) se mencionan nombres como el italiano Pietro Parolin (Secretario de Estado), el húngaro Péter Erdő, el filipino Luis Antonio Tagle, y los mexicanos Carlos Aguiar Retes y Francisco Robles Ortega, aunque la elección no siempre favorece a los favoritos, como demuestra la elección de Francisco en 2013.

El Proceso de Votación
El cónclave es un proceso secreto y estructurado, diseñado para evitar influencias externas y garantizar un consenso sólido. Estas son las etapas clave:
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Preparativos y Juramento: Antes de comenzar, los cardenales asisten a una misa en la Basílica de San Pedro y cantan el Veni Creator para invocar al Espíritu Santo. En la Capilla Sixtina, juran solemnemente mantener el secreto de las deliberaciones bajo pena de excomunión. Luego, se pronuncian las palabras Extra Omnes (“Todos fuera”), y las puertas se cierran, dejando solo a los cardenales electores, el secretario del Colegio Cardenalicio, el maestro de ceremonias, y un predicador designado.
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Votaciones: El primer día se realiza una votación. A partir del segundo día, se llevan a cabo hasta cuatro votaciones diarias (dos por la mañana y dos por la tarde). Cada cardenal escribe el nombre de su candidato en una papeleta, la dobla, y la deposita en una urna tras pronunciar un juramento en latín: “Testor Christum Dominum, qui me iudicaturus est, me eum eligere, quem secundum Deum iudico eligi debere” (“Pongo por testigo a Cristo Señor, que me juzgará, que doy mi voto al que, según Dios, considero que debe ser elegido”).Las papeletas son contadas por tres escrutadores elegidos al azar, y los votos se registran. Para ser elegido, un candidato debe obtener al menos dos tercios de los votos (90-92, dependiendo del número final de electores). Si no se alcanza esta mayoría, las papeletas se queman con químicos que producen humo negro (fumata nera), señalando que no hay Papa. Si se logra el consenso, se usa un químico que genera humo blanco (fumata bianca), anunciando la elección.
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Prolongación del Cónclave: Si tras 24 escrutinios (aproximadamente 7-8 días) no hay acuerdo, los cardenales pueden decidir por mayoría simple cómo proceder, pero nunca se elimina el requisito de los dos tercios. En casos extremos, tras 33 o 34 votaciones, la elección puede limitarse a los dos candidatos más votados, requiriendo solo mayoría absoluta.
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Aceptación y Anuncio: Una vez que un cardenal obtiene los votos necesarios, el decano del Colegio Cardenalicio le pregunta: “¿Acceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?”. Si acepta, se le pregunta: “¿Con qué nombre quieres ser llamado?”. El nuevo Papa se retira a la “Sala de las Lágrimas” para vestirse con la sotana blanca (preparada en tres tallas). Luego, el cardenal protodiácono, actualmente Dominique Mamberti, anuncia desde el balcón de la Basílica de San Pedro: “Habemus Papam!”, revelando el nombre del elegido y su nombre pontificio. El Papa imparte entonces su primera bendición Urbi et Orbi.
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Características y Particularidades del Cónclave de 2025
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Diversidad y Geopolítica: Este cónclave será el más internacional, con una fuerte presencia de cardenales de Asia, África y América Latina, reflejando el énfasis de Francisco en una Iglesia global. La elección podría estar influenciada por cuestiones como el diálogo interreligioso, las migraciones, o las tensiones geopolíticas, con países emergentes como Brasil, India o Indonesia ganando peso.
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Influencia de Francisco: De los cardenales electores, 110 fueron nombrados por Francisco, lo que sugiere una inclinación hacia un candidato que continúe su legado pastoral, enfocado en la inclusión, la misericordia y la atención a los pobres. Sin embargo, las dinámicas internas y las corrientes conservadoras o progresistas podrían generar sorpresas.
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Secreto Absoluto: Los cardenales están prohibidos de comunicarse con el exterior durante el cónclave. Una jaula de Faraday bloquea señales electrónicas en la Capilla Sixtina, y cualquier violación del secreto conlleva excomunión. Esta rigurosidad busca proteger la elección de interferencias políticas o mediáticas, aunque históricamente ha habido indiscreciones, como anécdotas sobre coñac o vino servidos en cónclaves pasados.
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Duración: Los cónclaves modernos suelen ser breves. El de 2013, que eligió a Francisco, duró dos días y cinco votaciones. Desde 1830, ningún cónclave ha superado los cinco días, a diferencia de los meses o años de siglos pasados. Se espera que el cónclave de 2025 concluya en pocos días, aunque dependerá del consenso entre los cardenales.
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Contexto y Expectativas
El cónclave de 2025 se celebra en un momento de desafíos para la Iglesia: secularización en Europa, crecimiento del catolicismo en África y Asia, debates sobre el celibato, el rol de la mujer, y la respuesta a crisis como los abusos sexuales. Los cardenales buscarán un líder capaz de navegar estas tensiones, posiblemente inclinándose por alguien con experiencia diplomática (como Parolin) o un perfil carismático y pastoral (como Tagle).
La elección también estará marcada por el legado de Francisco, el primer Papa latinoamericano, quien rompió tradiciones al elegir vivir en Santa Marta y ser enterrado fuera del Vaticano, en la Basílica de Santa María la Mayor. Su muerte ha generado un luto global, y miles de fieles se congregan en la Plaza de San Pedro, atentos a la chimenea de la Capilla Sixtina.
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Conclusión
El cónclave de 2025 será un evento de trascendencia mundial, donde la tradición milenaria se encontrará con las demandas de una Iglesia en transformación. Mientras los cardenales se reúnen a puertas cerradas, el mundo aguardará la fumata bianca y el anuncio de Habemus Papam, que marcará el inicio de un nuevo capítulo en la historia del catolicismo. Como dice un refrán vaticano: “Quien entra al cónclave como Papa, sale como cardenal”, recordándonos que la elección, guiada por la fe y la política eclesiástica, siempre puede sorprender.


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