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El fuero en México: ¿Herramienta de protección o escudo de corrupción?

El fuero constitucional en México ha sido un tema de intenso debate debido a su doble naturaleza: por un lado, una herramienta diseñada para proteger la libertad de expresión y acción de los legisladores; por otro, un mecanismo que, con el tiempo, muchos políticos han utilizado para evadir responsabilidades por actos de corrupción. Originalmente, el fuero se creó con una intención positiva: garantizar que los legisladores pudieran denunciar abusos, cuestionar al gobierno y actuar en beneficio de la sociedad sin temor a represalias, persecuciones o venganzas por parte del poder en turno.
Esta inmunidad buscaba equilibrar los poderes del Estado, asegurando que los representantes populares no fueran silenciados mediante acusaciones arbitrarias o encarcelamientos injustificados.
Sin embargo, el abuso del fuero por parte de numerosos políticos ha generado un descrédito generalizado. Lejos de usarlo como un escudo para proteger su labor legislativa, algunos lo han convertido en un manto de impunidad para encubrir actos ilícitos, como corrupción o enriquecimiento indebido. Este mal uso ha alimentado la percepción pública de que el fuero es un privilegio obsoleto, utilizado más para proteger intereses personales que para beneficiar a la sociedad.
Eliminar el fuero, como propone la presidenta Claudia Sheinbaum, es una medida que goza de amplio respaldo popular y mediático, especialmente tras décadas de escándalos. Sin embargo, esta decisión no está exenta de riesgos. Al quitar esta protección, los legisladores podrían volverse vulnerables a represalias políticas o venganzas creativas por parte de gobiernos, empresas u otros actores poderosos.
Por ejemplo, un político honesto que denuncie irregularidades podría enfrentar acusaciones fabricadas, como deudas amplificadas o cargos manipulados, diseñados para desacreditarlo o incluso llevarlo a juicio. Sin el fuero, los contrincantes políticos tendrían mayor libertad para orquestar estrategias de revanchismo, lo que podría desincentivar a legisladores a tomar posturas críticas o realizar denuncias contundentes.
Por otro lado, el fuero sigue siendo una herramienta valiosa cuando se usa correctamente. Permite a los legisladores actuar con valentía en defensa de los intereses ciudadanos, especialmente en contextos donde el poder busca silenciar voces disidentes.
La inmunidad no implica impunidad total, ya que los legisladores pueden ser desaforados y juzgados en casos graves, pero sí ofrece una capa de protección contra persecuciones arbitrarias.
La propuesta de eliminar el fuero responde a la indignación ciudadana ante la corrupción, pero debe acompañarse de mecanismos que garanticen que los legisladores no queden desprotegidos frente a posibles abusos de poder. Sin un equilibrio adecuado, la ausencia de fuero podría debilitar la independencia legislativa y limitar la capacidad de los representantes para enfrentar a gobiernos o corporaciones poderosas. Por ello, cualquier reforma debe ser cuidadosamente diseñada para preservar la libertad de expresión y acción de los legisladores honestos, mientras se cierran las puertas a la impunidad. El desafío radica en reformar el sistema sin abrir la puerta al revanchismo político, asegurando que el poder legislativo pueda cumplir su función de contrapeso sin temor a represalias.

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