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Fátima Bosch: ¿Empoderamiento … – Replicante – Apple Podcasts
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El 4 de noviembre de 2025, mientras caminaba por el Centro Histórico de la CDMX, saludando a la gente, un hombre de 33 años llamado Uriel Rivera se le acercó por detrás, la besó en el cuello y le tocó el pecho sin consentimiento. Todo quedó grabado en video, que se viralizó al instante, y generó una ola de repudio nacional.
Sheinbaum, firme como siempre, levantó denuncia ese mismo miércoles, diciendo: “Decidí hacerlo porque esto es algo que viví como mujer”.
El tipo, que ya había acosado a otra mujer ese día y estaba ebrio, fue detenido horas después y ahora enfrenta juicio por abuso sexual, con prisión preventiva.
Esto no solo expuso fallas en su seguridad —sin Guardia Presidencial, como AMLO—, sino que puso el dedo en la llaga de la violencia contra las mujeres en México: si le pasa a la presidenta, ¿qué nos espera al resto?
Ella lo usó para impulsar una campaña nacional contra el acoso y revisar leyes en todos los estados. Solidaridad total desde feministas y hasta senadoras internacionales. Es un recordatorio brutal: el machismo no respeta ni cargos. ¿Qué opinan? ¿Más campañas o castigos más duros?
Pero aquí viene el meollo: todo pareciera un montaje por el timing perfecto. Ocurrió justo después del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo –el séptimo en el año–, que había encendido las críticas por la inseguridad en el país.
Opositores como Alejandro “Alito” Moreno del PRI lo tildaron de “distractor político” para desviar la atención de los fracasos en seguridad y el “pacto con el crimen organizado”.
Y no es para menos: el equipo de seguridad falló estrepitosamente. Sheinbaum, fiel a la austeridad de la 4T, rechaza una Guardia Presidencial blindada y opta por cercanía con la gente, pero ¿a qué costo? Sin protocolos estrictos, el agresor accedió sin resistencia inmediata, lo que expone una vulnerabilidad grave –si no protegen a la presidenta, ¿quién al resto?
Sheinbaum denunció el hecho, pero descartó cambios en su estilo: “No vamos a estar lejos de la gente”. Activistas lo ven como un recordatorio brutal de la violencia de género normalizada en México, donde 23 millones de mujeres reportan acoso callejero.
¿Empoderamiento o hipocresía? El debate divide, pero la falla en seguridad es innegable. ¿Qué opinan, replicantes? ¿Montaje o realidad cruda?


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