El pasado viernes 4 de julio, cientos de personas marcharon en los barrios Roma y Condesa de la Ciudad de México para protestar contra la gentrificación, un fenómeno que ha disparado los costos de vivienda y desplazado a residentes de comunidades tradicionales. La marcha, que comenzó pacíficamente en el Foro Lindbergh de Parque México, se tornó violenta cuando un grupo reducido vandalizó negocios, incluidos un Starbucks y restaurantes que atienden a extranjeros, y acosó a turistas, dejando al menos 15 comercios dañados. Las consignas como “¡Fuera gringos!” y “Mexico for Mexicans” reflejaron la frustración de los locales ante el encarecimiento de la vida y la transformación cultural de sus barrios.
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¿Qué es la gentrificación? –La gentrificación es un proceso socioeconómico donde barrios tradicionalmente populares experimentan una transformación física y social debido a la llegada de residentes con mayor poder adquisitivo, inversiones inmobiliarias y nuevos comercios de alto nivel. Esto eleva los precios de renta y propiedad, desplazando a los habitantes originales, quienes suelen tener ingresos más bajos, y alterando la identidad cultural de la zona. En México, el término ha sido ampliado por expertos como Luis Salinas de la UNAM para incluir el “blanqueamiento por despojo”, donde los barrios se vuelven exclusivos para una población más rica y de tez más clara, reemplazando comercios y tradiciones locales por opciones “de moda” que atienden a nuevos residentes o turistas.
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¿Por qué es un problema en México? En la Ciudad de México, la gentrificación se ha intensificado desde 2020, especialmente en barrios como Roma, Condesa, Juárez y el Centro Histórico, debido a varios factores:Auge de nómadas digitales: Desde la pandemia, la llegada de trabajadores remotos, principalmente estadounidenses, ha disparado la demanda de vivienda. Estos “nómadas digitales” aprovechan el bajo costo de vida en México (comparado con EE.UU.) y su capacidad de pagar rentas en dólares, lo que ha incrementado las rentas en un 47% en cinco años en zonas afectadas y hasta un 94% en algunas áreas desde 2020.
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Plataformas como Airbnb: La conversión de viviendas en rentas de corto plazo para turistas ha reducido la oferta de alquileres asequibles, forzando a residentes a mudarse a periferias con menos servicios. En 2022, las listas de Airbnb en la CDMX crecieron un 38%.
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Especulación inmobiliaria: Empresas inmobiliarias compran propiedades a bajo costo en barrios populares, las renuevan y las rentan o venden a precios elevados, desplazando a familias que han vivido allí por generaciones. Por ejemplo, en Xoco, un pueblo originario de 1,700 años, el desarrollo inmobiliario ha privado a residentes de agua, espacios públicos y hasta luz solar.

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Pérdida cultural: Negocios tradicionales, como la Tortería Colima, han sido reemplazados por cafeterías y bares de lujo, erosionando la identidad de los barrios.
Desigualdad social: Los residentes desplazados, a menudo de clases medias y bajas o comunidades indígenas, enfrentan dificultades para acceder a vivienda digna, mientras que los nuevos habitantes, en su mayoría extranjeros, no siempre se integran a la cultura local, generando tensiones.
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Según datos, entre 2015 y 2020, 83,000 personas abandonaron la CDMX hacia el Estado de México, y 20,000 familias son desplazadas anualmente por los altos costos. La gentrificación también afecta a Mérida, Guadalajara y Querétaro, donde los centros históricos han sido transformados por la llegada de extranjeros y la especulación inmobiliaria.
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Problemas similares en España –En España, ciudades como Barcelona, Madrid y Málaga enfrentan protestas similares contra la gentrificación y el turismo masivo, con dinámicas comparables: Turismo y Airbnb: En Barcelona, el aumento de rentas turísticas ha disparado los precios, expulsando a residentes de barrios como El Raval o Gràcia. En julio de 2025, residentes de Mallorca usaron pistolas de agua contra turistas como protesta simbólica.
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Nómadas digitales y expatriados: La llegada de trabajadores remotos con altos ingresos, especialmente de EE.UU. y Europa, ha incrementado las rentas, haciendo que los locales no puedan competir. En Madrid, el “Airbnb-ification” ha sido un punto focal de las protestas.
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Pérdida de identidad: Tradiciones locales son reemplazadas por comercios orientados a turistas, como bares de tapas “falsificados” o tiendas de lujo, lo que genera resentimiento.
Respuesta gubernamental: España ha implementado regulaciones más estrictas para Airbnb y ha impulsado políticas de vivienda asequible, aunque con resultados mixtos. En México, el gobierno de la CDMX ha intentado regular las rentas de corto plazo desde 2022, pero la aplicación es limitada.
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Respuesta de Estados Unidos La respuesta de EE.UU. al problema de la gentrificación en México ha sido limitada y centrada en cuestiones migratorias más que en el impacto económico o cultural: Silencio oficial: No ha habido una declaración oficial del gobierno estadounidense sobre las protestas del 4 de julio en la CDMX. Sin embargo, la quema de una efigie de Donald Trump durante la marcha refleja el sentimiento antiestadounidense, vinculando la gentrificación con la migración de “gringos”.
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Foco en migración: Las políticas estadounidenses han priorizado el control de la migración mexicana hacia EE.UU., con medidas como el refuerzo de puntos de control en la frontera (como en McAllen, Texas) y la presión sobre México para contener a migrantes de terceros países. Esto contrasta con la facilidad con la que ciudadanos estadounidenses pueden residir en México hasta 180 días sin visa, lo que muchos mexicanos perciben como una doble moral.
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Narrativa de los nómadas digitales: En redes sociales y medios estadounidenses, algunos nómadas digitales han defendido su presencia en México, argumentando que contribuyen a la economía local. Sin embargo, esto ignora el impacto en los residentes desplazados, y la percepción de “entitlement” (derecho) de los extranjeros ha avivado el resentimiento.
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Respuesta en México –La Jefa de gobierno de la CDMX, Carla Brugada, reconoció el problema de la gentrificación, afirmando que su administración trabaja en políticas de vivienda asequible y que “la Ciudad de México no está de acuerdo con la gentrificación”. Sin embargo, también condenó la violencia y las consignas xenófobas, destacando que la ciudad es un lugar de migrantes y que la lucha contra la gentrificación no debe derivar en discriminación. César Cravioto, secretario de gobierno, instó a detener marchas con mensajes xenófobos, subrayando la diversidad de la capital.
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Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum, en su conferencia matutina del 7 de julio, condenó las expresiones xenófobas y atribuyó el encarecimiento de las zonas a la especulación inmobiliaria impulsada por plataformas digitales como Airbnb, pero no anunció medidas concretas.
Perspectivas y soluciones –La gentrificación en la CDMX y España refleja un problema global donde el turismo y la migración de alto poder adquisitivo transforman las ciudades a expensas de los residentes locales. Entre las soluciones propuestas están: Regulación de rentas cortas: Limitar el uso de Airbnb y exigir registros estrictos, como ya se hace en algunas ciudades europeas.
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Políticas de vivienda: Invertir en vivienda asequible y regular los precios de renta para proteger a los residentes.
Promoción de áreas alternativas: Fomentar el desarrollo en zonas menos explotadas para diversificar la presión inmobiliaria.
Conciencia cultural: Promover que los nómadas digitales aprendan español y se integren a la cultura local para reducir tensiones.
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La marcha del 4 de julio en la CDMX evidencia una creciente resistencia al desplazamiento y la pérdida cultural, pero también plantea el desafío de equilibrar la apertura de la ciudad con la protección de sus comunidades. La gentrificación no es solo un problema económico, sino un grito por el derecho a la ciudad y su identidad.


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