Desde julio de 2022, México ha incorporado a más de 3,101 médicos cubanos al sistema de salud pública, principalmente en zonas rurales y marginadas, bajo un convenio bilateral con el gobierno de La Habana. Sin embargo, a tres años de su llegada, las autoridades de salud mexicanas, incluyendo la Secretaría de Salud (Ssa), el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el IMSS-Bienestar, admiten no contar con métricas, reportes ni indicadores que evalúen el rendimiento de estos profesionales, según una investigación de El Universal. Esta opacidad ha reavivado críticas sobre la efectividad del programa y su impacto en el sistema de salud mexicano.
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Contexto del programa
El convenio, iniciado en mayo de 2022 durante una visita del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador a Cuba, buscaba paliar el déficit de especialistas médicos en México, particularmente en regiones apartadas. Desde entonces, brigadas de médicos cubanos, especializados en áreas como medicina interna, pediatría, cirugía, ginecología y anestesia, han sido desplegadas en al menos 24 estados, incluyendo Nayarit, Oaxaca, Colima, Campeche y Veracruz. Hasta diciembre de 2023, el IMSS reportó la llegada de 809 médicos cubanos, con un costo de 472 millones de pesos (23.2 millones de euros) pagados a la Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos, S.A., aunque no se detalla cuánto se destinó a salarios, transporte o logística.
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En 2023, el secretario de Salud, Jorge Alcocer, afirmó que los médicos cubanos habían brindado 242,000 servicios en 2022, incluyendo 110,246 consultas de especialidad, 46,191 análisis de laboratorio y 41,418 estudios radiológicos, incrementando la cobertura en 10 estados. Sin embargo, estas cifras no han sido actualizadas ni respaldadas con evaluaciones de desempeño, lo que impide verificar su impacto real.
Falta de transparencia y evaluación
A pesar de que el convenio establecía un mecanismo de evaluación en tres fases, ninguna institución ha reportado avances, diagnósticos o resultados. La Ssa, el IMSS y el IMSS-Bienestar han respondido a solicitudes de información señalando que no cuentan con datos sobre las consultas atendidas, las zonas de trabajo o el desempeño profesional de los médicos cubanos. El IMSS, por ejemplo, se deslindó indicando que la evaluación es responsabilidad de la Ssa, mientras que esta última no ha proporcionado información concreta.
Esta falta de seguimiento dificulta la fiscalización y genera dudas sobre la calidad y efectividad de los servicios prestados.
Además, el IMSS reportó que 48 médicos cubanos desertaron de sus actividades hasta diciembre de 2023 por motivos desconocidos, y no se sabe su paradero, ya que no existe una relación laboral directa con ellos, sino con la Comercializadora de Servicios Cubanos. Esta situación ha alimentado críticas sobre la gestión del programa.
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Críticas y controversias
La incorporación de médicos cubanos ha sido polémica desde su inicio. En 2020, la llegada de 585 profesionales cubanos para atender la pandemia de COVID-19 generó protestas de médicos mexicanos, quienes denunciaron la falta de evidencia sobre sus títulos profesionales y el gasto de 255.8 millones de pesos en tres meses, equivalente a 145,000 pesos mensuales por médico, frente a los 17,000 pesos promedio de un médico mexicano. El senador Julen Rementería, del PAN, calificó el programa como un “fraude” para financiar al régimen cubano, alegando que no se ha acreditado la formación de los médicos.
Asociaciones médicas mexicanas han argumentado que el país cuenta con suficientes profesionales capacitados, pero las plazas en zonas rurales no se cubren debido a bajos salarios, inseguridad y condiciones laborales precarias. En 2021, México tenía 305,418 médicos, con un ratio de 2.4 por cada 1,000 habitantes, superior al promedio de América Latina, según el INEGI. Sin embargo, solo el 33% son especialistas, y muchos evitan trabajar en áreas de alta marginación por riesgos asociados al crimen organizado.
Expertos como Xavier Tello, analista de políticas de salud, han señalado que la contratación de médicos cubanos no resuelve el problema estructural del sistema de salud mexicano, que requiere mayor inversión, mejores condiciones laborales y formación de especialistas locales. Además, organizaciones como Prisoners Defenders han denunciado que los médicos cubanos trabajan en condiciones “esclavistas”, con el gobierno cubano reteniendo la mayor parte de sus ingresos.
Respuesta del gobierno mexicano
Durante el sexenio de López Obrador, se justificó la contratación de médicos cubanos por la falta de especialistas dispuestos a trabajar en zonas rurales. En 2022, el director del IMSS, Zoé Robledo, destacó que su llegada permitió contar con especialistas de planta en hospitales comunitarios, como en La Montaña de Guerrero o la Huasteca Alta de Veracruz. Sin embargo, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, no se han emitido nuevas declaraciones sobre el programa, y la falta de datos sobre su desempeño sugiere una continuidad en la opacidad.
En noviembre de 2024, 199 médicos cubanos adicionales llegaron al país, sumando un total de 3,650, según la Embajada de Cuba en México. A pesar de las críticas, el gobierno mexicano planea mantener el programa, aunque no se han anunciado nuevos mecanismos para evaluar su efectividad.
Implicaciones y perspectivas
La falta de indicadores para medir el rendimiento de los médicos cubanos plantea serias preguntas sobre la transparencia y eficacia del convenio México-Cuba. Mientras el gobierno destaca la cooperación bilateral como una solución al déficit de especialistas, la ausencia de datos verificables y las críticas del sector médico mexicano sugieren que el programa no aborda las causas estructurales de la crisis sanitaria, como la precariedad laboral y la inseguridad en regiones marginadas. La opacidad del programa también alimenta sospechas sobre su propósito, con sectores de oposición alegando que sirve más como apoyo financiero al gobierno cubano que como una solución efectiva para México. Hasta que no se implementen mecanismos de evaluación claros y públicos, el impacto real de los médicos cubanos en el sistema de salud mexicano seguirá siendo un enigma, dejando en el aire si su contribución justifica los millonarios recursos invertidos.


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